17 febrero 2019

Enaltecimiento del rencor

Pronuncié palabras entre balbuceos, como si fuera la primera vez que hablaba. Intenté levantarme pero las piernas no respondían; cada vez que lo intentaba me caía, ni siquiera podía mantener el equilibrio. Estaba débil y hambriento, atrapado en un sufrimiento infinito de impotencia, agonizando cada centésima que estaba preso en aquella prisión, la celda de mi cuerpo y los barrotes que me rodeaban. Alguien acudió a mi llamada, pero simplemente se me quedó mirando, sonrió y se fue. 

Traté de dormir pero el hambre me despertaba dándome una fuerte patada en el vientre. Lloré. Lloré desconsoladamente durante lo que me parecieron días. Sin comida y, lo que era peor, con el pañal lleno de caca. Era mi final. Iba a morir allí.

 Jotaauvei

02 agosto 2018

Al más

"Quiero agradecer este premio a toda mi familia, a mis amigos y también a los que no son mis amigos pero con los que una vez me crucé por la calle y saludé por error pensando que los conocía.

Agradezco este maravilloso galardón que... ¡uf!, aún no me puedo creer que lo haya ganado. Bueno, un poco sí.

También agradezco al planeta Tierra, porque somos una energía que nos conecta y todos somos uno, aunque solo yo he ganado este premio y es mio, no vuestro. Así que probablemente no seamos uno. Somos personas diferentes, algunos mejores que otros, yo mejor que vosotros, por ejemplo, porque tengo un premio.

Doy las gracias a mi humildad y a todas las buenas y maravillosas cualidades que tengo como persona humana. Algunas cosas mejores y otras menos mejores. Porque son las pequeñas cosas que nos hacen por dentro las que en realidad merecen la pena. Encontrarse a uno mismo, conocerse y volverse a perder, ese es el verdadero premio. Y este premio, que es mejor que eso porque eso lo ve todo el mundo y que te conozcas a ti mismo no le importa a nadie ni se ve.

Quiero darle las gracias de vuestra parte, querido jurado, a mis antepasados, porque sin ellos no hubiera sido posible mi vida. No me puedo olvidar agradecérselo también a mi descendencia que, aunque todavía no existe, sé les parecería mal que no los mencionase. Sí puedo sin embargo olvidarme de los gatos.

No les agradezco este premio a los gatos en absoluto. ¿Sabéis como maúlla un gato cuando tiene hambre? Pues yo he oído ese estridente sonido constantemente durante todos los días de mi vida. Y no tengo gatos. A quien sí agradezco este premio es al diseñador que lo ha diseñado, porque es una figura preciosísíma.

Me apenaría olvidarme de darles las gracias a todos aquellos que han hecho posible el que yo esté aquí hoy. Pero bueno, me los voy a olvidar, la pena no es tan grande, si no lo hubieran hecho ellos lo habrían hecho otros.

Y ahora que he terminado con los agradecimientos, voy a volver a mi cama a descansar, no sin antes agradecer a quienes la han traído desde mi casa hasta este maravilloso escenario. Y si sois tan amables de bajar la voz mientras cierro los ojos un momentito os lo agradecería."


Jotaauvei

06 mayo 2016

Las heridas del vacío

Si alguna vez me ves caminando o corriendo sin rumbo o en círculos por un jardín público, sabrás que lo he encontrado. Que he encontrado aquello que has estado buscando y que necesitas desesperadamente como el aliento de una mala puta en tu rosado glande después de que haya usado demasiado los dientes.

Y yo lo tengo y tú no. Es la historia de tu vida que estoy contando y de la que me apropio ahora que nadie me ve. Porque, cuando nadie me ve ¿sigo siendo visible? ¿Sigo siendo tangible? ¿Lo quieres? Ven a buscarlo, pero primero tendrás que encontrarme.

"Tengo heridas en mi cuerpo. Tengo heridas tan profundas que dan la vuelta y se proyectan con mi sombra".

En ocasiones veo reflejado el temor del tiempo que ha pasado en los ojos de aquellos que jamás conoceré. El sentido de mi vida se torna colorado al indicar el norte a los viandantes a pesar de que no me lo hayan preguntado.

Y si no ponía la palabra "puta" no quedaba tranquilo.


Jotaauvei

Losting the rumbus

Si ella le pregunta "¿Cuando has llegado?", sabré que es el momento de echar ese mundo abajo y conquistar el corazón de los que desean un hogar para poder vivir durante la época en la que no habrá un mundo ideal, pues los ideales estarán prohibidos por la ley impuesta por un digno mandatario que pegaba a su mujer entre café y café servido en una taza hecha de barro previamente coloreado con los pigmentos más bellos de ese país del que su suegro le habló una vez cuando iba sobre su caballo hacia el templo de una religión de la cual se ha demostrado no tener base científica en la que apoyarse ya que como una vez leyó un lisiado en un cartel de una autoescuela sin recursos ni alarma antirrobo: "Drive fast, die young".


Jotaauvei (2008)

26 octubre 2015

La historia macabra de nuestro último encuentro

Nuestro relato comienza en una casa a las afueras, una calurosa mañana de verano. La pareja está sentada en el sofá, cómodamente acurrucados frente a una ardiente chimenea.

- Querido, ¿por cuánto tiempo más debemos mantener esta situación?

- No entiendo a qué te refieres.

- Está claro que nos queremos, que nuestro amor es como la llama que prende en una antorcha, incandescente. Que la pasión que nos proferimos es la envidia del mismísimo Cupido...

- Eso es bueno, ¿no?

- Eso es horrible, nefasto, catastrófico. ¿Cuándo y cómo sufriremos el desgarrador sentimiento del abandono que creará en nosotros la necesidad y el hastío? ¿Qué haremos con tanto amor surcando los mares de nuestra vehemente lujuria? ¿Quién podrá detener el tren donde nuestros corazones viajan juntos hacia el infinito del tiempo? Yo esto así no lo puedo soportar más.

- Deja de decir tonterías, joder.


Jotaauvei

21 octubre 2015

En el alcantarillado de mis sentimientos

Tú, yo y el silencio. Camino a través de mis recuerdos dando tumbos absurdos, como aquel marino que navega en un mar de inconsciente virtuosidad. Mientras deambulo me pregunto: ¿Cómo convertir la Luna en parte de un recuerdo? ¿Cómo quemar algo que ya está ardiendo?

 Durante mi andadura leo las palabras recién escritas para que no se hundan en la vulgar memoria. Y si las yemas de mis dedos tropiezan en el espacio invisible y equivocan el trazado previsto, solo tengo que pulsar control+z.

 "Dulce error, fragancia del fracaso. Discurrir del desacierto, mentira viva en el tiempo."

Y durante el vertiginoso y aciago ocurrir de mi viaje me detengo y pienso. A veces me río en la soledad más multitudinaria, tratando de no parecer un completo gilipollas. Aunque a veces es inevitable.


Jotaauvei

05 agosto 2015

Hipocresía en la suela del zapato

Y es que a veces el sentimiento de abandono es la gasolina que nos mueve, la grasa que engrasa el mecanismo que es nuestro pensamiento inmediato y exagerado. El punto de ebullición de mis entrañas es cada vez menor, a medida que el tiempo hace mella en la superficie de mi piel, una piel acobardada por los errores jamás cometidos. Por eso es que me gusta gozar estos pequeños y deliciosos momentos a su lado, por que sé que pronto me sumiré de una soledad insípida, incolora, temiendo que cada milímetro que las agujas del reloj recorren podría ser el último de mi vida. Mi vida catastrófica, allanada por el sentimiento perpetuo de su marcha.

En ocasiones cierro los ojos y pienso por un segundo en su sonrisa. A pesar de que la tenga justo delante de mi, me gusta ignorarla cuando me habla, pestañear profundamente y sentir el cálido roce de la palma de su mano en mi mejilla en contraste con la helada fijación de su mirada.

Me abandonará, estoy convencido de ello. Y no la culpo, soy imbécil.


Jotaauvei

12 abril 2015

Bastarda coincidencia

Soy un poeta. Soy esa primera bocanada al encender un cigarrillo, el humo que se escapa de una sonrisa que ya nunca volverá a tus labios. El silencio roto por el aleteo de un ave posada en la cornisa de tus pensamientos.

Soy aquel al que solían tener por digno. Soy un caballero cuya brillante armadura hace tiempo perdió su lustre. Un hidalgo desolado por la conciencia y la razón.

Me detengo un momento en mi andar y echo la vista atrás. Veo barro, veo sudor y lágrimas. Escucho los gritos de un pasado atroz, desolador. Vuelvo a caminar mirando al frente, el futuro no se pronostica distinto ahora. El vaivén de una bandera ensangrentada, ondeada por un viento humedecido con el calor de mi añoranza.

Soy la peor mierda sobre la faz de la tierra. No soy un poeta. No soy nada.


Jotaauvei

04 diciembre 2014

Me miras y te anhelo

Su piel, su ropa, su espalda... todo lo que podía recordarme a ella me causaba un dolor insoportable en ambas sienes. Pero aún así la quería. Y aquí estaba yo, sola, desesperada por encontrar de nuevo la aguja que guíe el hilo que es mi cuerpo por la tela que es la vida. Una vida desordenada, caótica, casi digna de ser una admirada pieza de arte de un museo ya olvidado incluso por los hipsters.

Un recuerdo, un trazo en mi memoria que no puedo permitir que se desvanezca.

Una mañana más me despierto, asqueada de mi propio cuerpo, entre sudores fríos, sollozando, gritando palabras que ni siquiera existen todavía. Gritando su nombre aún cuando sé que nadie puede oírme. Húmeda desgracia del pasado por acontecer. Deseando una vez más vivir en un mundo diferente, deseando salir de este cuerpo roto y desgastado.

Alzo la vista por la ventana. No puedo más que ver rostros sin nombre, personas vacías con pijamas de girafas con pijama. Si, si, las girafas dibujadas en el pijama llevan pijama también.


Jotaauvei

27 noviembre 2014

Siete partes de mi ser

Todo lo que yo no tengo y todo lo que yo no soy. Sin más, como vino se fue. Cual mágico relámpago que todo lo arrasa.

A la mañana siguiente me levanté, inconsciente, perdido, empapado en las lágrimas del niño que ya jamás volveré a ser. Mi cuarto, en fin, el día después de una fiesta en un refugio de esquí en los años 70 tendría mejor aspecto.

Y qué puedo decir de la decrépita y sobrecogedora voz que eyaculé desde lo profundo mi garganta hasta mi boca cuando traté de pronunciar su nombre una vez más. Como una puñalada traicionera a la salida del supermercado, exactamente así.

Había transformado mi vida en una historia ininteligible, una danza insensata de letras, números y signos de interrogación. Pero sin duda, de entre todas las cosas, lo que más extraño la forma en la que cada noche las aureolas de sus pezones tornaban encarnadas.

 Aún hoy se puede arañar de las paredes el pesar bizarro de su pérdida.


Jotaauvei